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¿Puedes ser adicto o adicta al amor?

¿Puedes ser adicto o adicta al amor?

El amor romántico suele considerarse un tipo de adicción o incluso una enfermedad. No hay duda de que el amor implica pensar constantemente en, y actividades con, la persona amada. Pero, ¿siempre es perjudicial esa constante preocupación por una persona? ¿Debería considerarse como un tipo de adicción, o podría ser incluso beneficioso para el fortalecimiento de la pareja?

La controversia

“Adicción al amor”, como “adicción al sexo”, es un término polémico. El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM), publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría; DSM-5, en 2013, se refiere a estos fenómenos como “hipersexualidad”. La más reciente Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud, ICD-10, se refiere a ellos como “impulso sexual excesivo”.

Estas controversias expresan la complejidad del asunto. Creo que el amor romántico profundo no es una adicción, aunque algunas características de la adicción, como la preocupación, están presentes en él. Sin embargo, no todos los tipos de preocupación son dañinos, cuando es parte de una vida floreciente, es beneficioso y no puede considerarse como una adicción.

Cómo prosperamos

Las actividades profundas son fundamentales para nuestro desarrollo y bienestar; las actividades superficiales tienen un impacto más limitado sobre nosotros; las actividades instrumentales se realizan para lograr un determinado objetivo externo; y las actividades intrínsecas se realizan porque valoramos, y generalmente disfrutamos, al realizarlas.

Por lo general, consideramos que las actividades intrínsecas son positivas, mientras que las actividades instrumentales suelen considerarse una necesidad inoportuna, algo que no queremos hacer, pero que debemos hacer para lograr nuestro objetivo. Las actividades intrínsecas son especialmente valiosas cuando son profundas (pero pueden ser destructivas cuando se realizan de forma superficial o excesiva).

Las actividades intrínsecas profundas son decisivas para la presencia de un amor profundo a largo plazo (Ben-Ze'ev & Goussinsky, 2008).

Esta noción de satisfacción profunda se vincula a la noción de Aristóteles de la prosperidad humana (eudaimonia). La prosperidad humana es dinámica, y las actividades intrínsecas significativas son sus elementos (pero no sólo) los más importantes. La prosperidad humana no es un estado temporal de placer superficial; implica un período más largo de realización de nuestras capacidades naturales. Es la realización del potencial de uno, opuesto al bienestar hedónico, que expresa el placer fugaz. Carol Ryff (Ryff, et. al., 2004) recopiló múltiples estudios que vinculan la prosperidad con los efectos beneficiosos para nuestra salud, entre ellos una mayor inmunidad, resistencia y recuperación de las enfermedades; menores niveles de estrés; períodos más largos de sueño REM (asociados con el descanso profundo y los sueños); y niveles más bajos de los biomarcadores asociados con la enfermedad de Alzheimer, la osteoporosis y la artritis.

¿Querer estar con tu pareja es una obsesión?

Una obsesión, que se considera el síntoma principal de cualquier adicción, se define como “una preocupación persistente y perturbadora con una idea o sentimiento frecuentemente irrazonable” (Merriam-Webster). Las palabras perturbadoras e irrazonables son esenciales aquí. La preocupación persistente por una idea o una persona no es dañina en sí misma, siempre y cuando no perjudique su crecimiento. Dado que el amor profundo implica una preocupación positiva que mejora el crecimiento personal, no puede considerarse una obsesión, que es por definición una experiencia negativa.

Para explicarlo mejor, considera los conceptos de repetición y de amar demasiado.

La repetición es una acción o evento que se repite de forma regular o intermitente. En el comportamiento humano, la repetición se ve a menudo como algo negativo, especialmente cuando parece que no se gana ningún valor añadido por decir o hacer la misma cosa una y otra vez. De hecho, la repetición genera aburrimiento y desactiva la capacidad humana. ¿Por qué deberíamos desperdiciar recursos mentales en actividades repetitivas?

¿Existen actividades repetitivas que añaden valor a la actividad inicial? Muchas capacidades humanas - tocar el piano, bailar, nadar - se mantienen, e incluso se mejoran, sólo a través de la repetición. En estos casos, la actividad repetida es valiosa, sin ella, la capacidad se deteriorará o no se desarrollará. (De ahí el dicho “Úsalo o piérdelo”).

Una actividad repetida puede ser perjudicial cuando se hace en exceso o de manera que perjudica a otras actividades prósperas importantes. Cuando tal actividad no contribuye a tu desarrollo y prosperidad, es probable que te conviertas en adictivo o adictiva. Dos ejemplos comunes son el sexo y ver la televisión.

A diferencia del amor profundo, que se desarrolla con el tiempo y mejora tu desarrollo, las relaciones estrictamente sexuales son a menudo repetitivas y casi idénticas en todos los puntos del tiempo, por lo que es más probable que se conviertan en adictivas.

¿Podemos amar demasiado?

Si el amor es una adicción o no, también depende de si amar puede ser excesivo, si podemos amar demasiado.

Entonces, ¿puede ser peligroso amar demasiado a alguien?

Una distinción útil aquí, es entre la intensidad romántica, que expresa el valor momentáneo de las emociones intensas, y la profundidad romántica, que encarna los frecuentes episodios intensos de amor profundo durante largos períodos de tiempo, junto con las experiencias de vida que promueven tu prosperidad. El amor profundo es un motor del crecimiento, por lo que sus beneficios son profundos. Al igual que no culparíamos a un autor por escribir un libro demasiado profundo, no podemos criticar a un amante por amar demasiado profundamente. El tema de la adicción dañina no se plantea en absoluto.

El deseo de estar con tu ser amado es comprensible, porque en las actividades románticas intrínsecamente significativas disfrutamos de la actividad por su propio bien y no hay razón para que no queramos participar en ella una y otra vez. Esto también se refiere a actividades intrínsecas profundas como la escritura o la pintura. No hay una frecuencia “apropiada” para involucrarse en actividades intrínsecas profundas; sin embargo, involucrarse en tales actividades no debería impedirte que te involucres en otras actividades prósperas.

Las actividades superficiales, como el sexo ocasional y ver la televisión, pueden ser agradables aunque no contribuyan mucho a que prosperemos a largo plazo. Sin embargo, cuando se hacen en exceso, pueden ser perjudiciales, ya que la gente puede hacerse adicta a ellas mientras descuidan otras actividades de prosperidad. La intensidad romántica, pero no la profundidad romántica, puede ser excesiva: el amor intenso de un amante puede impedir que la pareja note, o al menos admita, que su actitud hacia ella es humillante o que su relación tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir a largo plazo.

Conclusión

Existe una clara línea entre el profundo comportamiento romántico, que es parte de nuestra prosperidad, y el muy criticado fenómeno de la “adicción al amor” o “adicción al sexo”. Esta línea se basa, en primer lugar, en la diferencia entre las actividades profundas y las superficiales. El rasgo distintivo de una actitud adictiva “no es la intensidad de la pasión, sino su superficialidad”, como argumentan Peele y Brodsky en Love and Addiction.

Estar profundamente enamorado implica realizar muchas actividades exitosas con la persona amada. Ser un adicto al sexo confina tu mundo a actividades muy estrechas y repetitivas. La actitud repetitiva y superficial que implica la interacción sexual de un adicto al sexo impide en gran medida su desarrollo personal y su prosperidad. Estar enamorado puede ayudar a los amantes a desarrollarse a largo plazo. La adicción al sexo interrumpe otras actividades y tiene un impacto destructivo a largo plazo.

En el amor profundo, el deseo de estar con el/la amante es muy diferente de la necesidad obsesiva que es la fuerza motriz de la adicción.

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